lunes, 18 de abril de 2016

Nápoles inesperada

¡Qué sorpresa esta ciudad!, no lo esperaba...y nunca pensé en ir, pero Félix suele sorprenderme en esto de los viajes, acertando.Cuatro días antes de coger el avión supe donde iríamos... no es la primera vez que sucede así. 
Volamos al fin hacia Nápoles y su costa Amarfitana...menuda palabrita!

¡Dios mío qué alboroto de gente, coches, motos, vespas, muchas vespas, tráfico y sobre todo edificios antiguos enormes, palazzos y más palazzos de puertas altísimas, enormes, pesadas, oscuras como boca de lobo,  que pedían a gritos unas manos de pintura.
 Ciudad gris y caótica. La primera salida fue  al barrio declarado Monumento Histórico por la Unesco, edificios de los siglos XVI y XVII...y allí me robaron el monedero. Todo perfecto 
¡¡¡ Nápoli, Nápolí!!!



Visita a la polizza  y al Consulado-dos días- dejando pasar el tiempo.

¿Qué sucedió luego...o mientras? El enamoramiento. 
Caminar por las calles sin cuento ha sido encontrar de nuevo aquella ciudad mediterránea llena de encanto y de gracia donde la gente protagoniza la vida lejos del automatismo y la puesta a punto a la que se sube Europa. La pobreza de Nápoles ha salvaguardado aspectos, valores, de nuestra cultura perdidos ya por falta de uso. Gente que habla y se expresa, grupos, familias, amigos a tropel, niños jugando en las plazas, balones y más balones chutados con fuerza...tú verás donde te pones. Bancos de piedra, poyetes, motos, bares, ventanas, rincones, esquinas...cualquier lugar es bueno, oportuno para la charla. Pocos móviles y poca gente cableada. 
La ciudad se remoza encontrando edificios preciosos, monumentos valiosos, y sobre todo ese aire de que todo está permitido, esa fusión perfecta entre el conductor y el peatón y tú pasa cómo puedas, sin problema. No hay tensión aparente ni enfado alguno. Ágil y flexible uno y otro se hablan con el gesto, yo paso, tú paras, yo espero y tú sigues. No importa. todo fluye.
E igual el carácter de la gente, amable, abierto, marítimo. Alegre.

En la maleta el Limoncello y unos Babbas de ron o al limón no faltaban. Aromas de Nápoles  que guardo en el alma.


2 comentarios:

  1. A mi també ja saps que m'encanten aquestes sortides. Nosaltres hem passat per Marsella, una bona recomenació per aquesta mena de descobertes. Té vols directes des de Barcelona, el tren i autopista fins al cor de la ciutat (5 hores llargues). Ja ho saps, per una propera ocasió.

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  2. Querida Pandorilla:
    ¡¡¡Ahhhh, el limoncello!!! Qué delicia!
    Por tus palabras me parece la mejor definición de Nápoles: sabor a limón mediterráneo, calor del destilado espiritoso que lleva dentro, alegría que se sube a los ojos y a las entendederas... quizás algo de resaca final, si hubiera abuso.
    No conozco Nápoles, pero me encanta el limoncello!!! Voy a darle un repasito a la botella que aún guardamos para las visitas, jajaja.
    Abrazos

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