Hay personas con las que te encuentras y notas un sabor alegre por el simple hecho de veros. Es una sensación muy agradable, que te amplía la percepción del alma, acercándola de forma suave y amigable. Te sientes entonces más cerca de ti misma, más en armonía con todos. Libre.
Esto me vienen sucediendo-y sé que es mutuo- con Mihail, un ruso al que desde hace más de un año le doy conversación en catalán dentro del Voluntariado por la Llengua Catalana. Tenemos un encuentro semanal aquí y allá, sin día ni lugar fijos, cosa que a ambos nos va, disfrutando así de mayor libertad.
Me pregunto el porqué de esta sensación tan agradable. Reflexiono ahora con todos vosotros y creo que, partiendo de la simpatía y afinidad mutuas, sobre todo proviene este amigable placer del hecho de partir en cada encuentro de unos límites emocionales esenciales y simples:
un tiempo un espacio un motivo delimitados
y nada estrictos, que enmarcan de forma natural nuestros diálogos.
un tiempo un espacio un motivo delimitados

y nada estrictos, que enmarcan de forma natural nuestros diálogos.