jueves, 16 de noviembre de 2017

Córdoba, la ciudad a mano

¡Ah, las ciudades chicas con sus jardines y paseos amplios tan cercanos! En ellas el tránsito de coches no diluye su encanto, sino que se hace sonido de agua, como río que se deja llevar ensimismado.







Córdoba sultana despierta en cada amanecer de piedra antigua alrededor de su Mezquita. Pasos adoquinados la rodean mientras el sol aún tibio de luz brilla sobre el metal de sus altivas puertas y los arquillos moros en lo alto dibujan en tu mente nuevos espacios. Todo se ensancha en Córdoba, todo aboca al agua mansa del enorme río, Guadalquivir hermano, las callejas mismas del barrio antiguo son como afluentes blancos yendo a abrazarlo.

Ciudades a mano del corazón humano, en las que la distancia no es un obstáculo, sino un paseo ameno bajo los árboles, entre los patios, sentada en algún banco mirando, perdida en su silencio o inundada del ajetreo diario, sintiendo el aire limpio de un cielo nítido capotando tu alma como manto de Virgen de sonrisa romana.

Córdoba, capital del Al.andalus que reinó en la península durante siglos y dejó su huella indescifrable en esta ciudad de una elegancia entrañable.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

DENTRO. En los jardines del Alcázar. Córdoba




Estoy sentada aquí  entre esta belleza,  mientras siento lo efímero  de este momento y esta dicha dentro se transforma en un sordo sufrimiento.
¡Es inabarcable este momento!

La dicha vive y pasa, pero tú la deseas y quieres retenerla en una foto, un escrito, un dibujo...
Y es entonces, en esta necesidad de alargar la dicha, cuando sabes que la belleza por ser bella vuela, se escapa, es libre...y que es justo por eso que enamora.
Ella te adentra en el VACÍO natural de la existencia y en ese instante huidizo, salva.

Belleza da la libertad del aire que ahora aquí respiro.


sábado, 27 de mayo de 2017

Historias de la pata coja-2

Hoy 27 de mayo me he bañado de cabeza en el mar por prinera vez este año. Ha sido en la enorme playa de mi  infancia, Castelldefels.

La noticia es enorme para Isabel, porque por primera vez también tras la caída me he sentido libre, libre como yo sé. Soñadora y alegre.

Pisar la arena en un día de sol bañado de un viento tan agradable...y poder zambullirme sin contemplaciones para notar el agua de niña, sus olas pequeñas, redondas, tan entrañables y ese azul de cielo en el horizonte. Nadar sin rumbo.
Que alguien lo explique.
Es inexplicable.
Caminar al fin, la arena sin más. Bordear la orilla y estar.
Luego la tumbona, el pelo revuelto, el cuerpo disteso y a gusto.
Un reencuentro.
De nuevo el sol.

Y para festejarlo, su chiringuito. Miraba a la gente, algunos tan diferentes, pero todos buscando ese rato de luz, de ilusión, amoroso.
Oía la musica llevando el ritmo dentro. Mi caña a buen  tono y el mar en el fondo.

Qué dicha sencilla cuando tienes todo!

jueves, 18 de mayo de 2017

HISTORIAS de la PATA COJA

Pues sí señor, vengo yo pensando al bajar con mi muleta del bus -lo tomo por primera vez en  mes y medio- que semejante al submundo diminuto de las hormigas es éste de los cojos, al que ahora orgullosa pertenezco.

Mundo oculto cual hormiga el de los cojos para muchos, que corren ajetreados. No nos ven y si lo hacen pasan de acera para dejarte sitio o se inventan la pirueta para esquivarte y acelerar a ser posible el paso. No te miran en realidad, sencillamente van a otra velocidad.
Mundo semejante al de las hormigas, pequeñas y pegadas a la tierra como  palos de bastón o de muleta.
Mundo resistente el nuestro del cojo, tenaz y aventurero. Porque es una aventura caminar despacio en medio del asfalto y a contrapelo. A según qué hora los tumultuosos estudiantes , los niños chicos...los perros, se te pueden liar graciosamente en tu tobillo o en un semáforo ser simplemente  arrasada por una pequeña avalancha de gente que a  zancadas -muchas en tremendos tacones de vértigo- te dejan atrás en un segundo mientras tú remas y remas en busca de la otra orilla aferrada a tus muletas.
Indispensable  mirar antes de echarte a andar. Fijar la vista en los pies y con una  mirada olística ocupar con tacto y  prudencia el espacio que te rodea. Hacerte el hueco siendo uno más.  Calcular el paso es ganarlo.

Hormigas los cojos por la cantidad también. En siete días de ir caminando a la recuperación de mi barrio me habré cruzado con más cojos que pudiera nunca haberme imaginado. Cojos de dos muletas o de una sola, de bastón con edad o con silla de rueda manual o eléctrica. Cojos solitos la mayoría, algunos  de lujo bien acompañados.
Muletas de color rojo, azules o las de toda la vida como la mía. Cojos de todas las edades y condiciones. La mayoría serios, reconcentrados y preocupados siguiendo el paso.

Y ¿qué podía hacer yo para sobrellevarlo? Pues hablarlo. Es lo mío, entablar un diálogo. Comunicarnos.
Y cojo al cojo y lo abordo despacio, le pongo el dulce de la atención, del existir su dolor y su hartura. Ahí, en plena calle, sin más. Y hablamos.
¿Cómo va?  No ha habido uno que se me resista. Me cuentan su historia...algunas tremendas. Aprendo de centrifugados de sangre para  huesos de dolor imposible, de sillas de ruedas eléctricas que parecen un Mercedes o un todoterreno,  de muletas plegables, de cojeras que vienen incluso de cervicales. De llantos callados.
Pero sobre todo me siento dichosa de darles un ánimo, de no vernos solos por ahí  pululando.
¡La comunidad de hormigas sigue funcionando!

jueves, 20 de abril de 2017

Caida

Te caes y de golpe la realidad pura y dura entra en tu vida. Siempre ha estado ahí, otras veces la has vivido, pero tus sueños la han ido diluyendo. Construimos mundos amables, nos relacionamos desde el aprecio o cariño, soñamos sueños de amor que nos den cobijo. Vamos así de alguna forma juntos protegiéndonos.

Pero te caes y en ese instante eres totalmente consciente de  la realidad real sin miramientos; despiertas de golpe del sueño y te sabes sola y  pequeña, indefensa, dolida y tirada en el suelo. Es un segundo. Soñabas hace un momento, alada y airosa, animándote a seguir con pie seguro la ruta de tu camino. En él están los tuyos formando parte del grueso de tus sueños.

Somos solos y al caer esa verdad te deja contra el suelo. Pero te alzas -cuántas veces ya lo has hecho-  te recompones peluca y postizos, coges del alma los pedazos bien chicos y pides un taxi, mientras la sangre cálida rezuma desde la herida abierta de tu cuerpo.

Lentamente asumes tu papel de nuevo, aunque maltrecho,  y rehaces los datos de tu personalidad, aquello que te ha definido para no sentirte demasiado lejos o perdido. Te reafirmas así nada más llegar al hospital con tu carnet de identidad. Eres de nuevo.

Te fichan y esperas como un saco pesado entre otros muchos sacos que en silencio aguardan a ser también nombrados, recompuestos...y  al oir tu nombre e iniciar la cura, sabes que poco a poco te reharás del susto y su amargura, que poco a poco el dolor remitirá y que podrás volver a ser aquélla  con la que hilabas sueño de amor  y que es básico seguir haciéndolo.
Pero sabes también que ya nunca más serán lo mismo.

Sabes, por fin, que el golpe era salvífico, necesario y a la vez auténtico.
Y agradeces  esta oportunidad única de entrar en uno mismo y deshacer tus sueños.


lunes, 10 de abril de 2017

LA MAGIA

Acabo de ver por internet el último capítulo de la serie El Crac de tv3. La dirige y es guionista Joel Joan. Este actor ya me enamoró con su famoso Plats Bruts, que creó escuela, pero ahora  ha llegado a su madurez  creativa.
Siempre con su humor histriónico y exagerado, tremendamente expresivo, llevado al límite siguiendo la línea genial del cine mudo americano, ha sabido con El Crac adentrarnos en una profundísima visión del mundo actual, sobrepasando las fronteras de lo particular simplemente anecdótico.

Aquí no nos cuenta una historia, sino que ésta es un pretexto perfectamente trazado y divertidísimo,  por lo chocante e imaginativo,  para adentrarnos -y no me es fácil sintetizarlo- en verdades  del tamaño de una visión natural, dinámica y desdramatizada,  del mal visto egoísmo, que es la fuerza angular de la serie y del que participan todos los personajes masculinos, dato curioso y que agradezco. Pero este ego se da como resultado de un mundo caótico y complejo, y por lo tanto no es condenable. No hay juicio de valor alguno y el argumento transcurre sin peso, siendo a la vez muy profundo. Temas clásicos como la soledad del ser o la relación de pareja son tratados desde un sentimiento real y muy humano, pero siguen siendo solamente de apoyo argumental, no esenciales. La esencia es vivir a pesar de todo y de todos. Amar la vida y seguir.

Otro dato a resaltar es que nadie en la serie deja de ser como es ni lucha por salir de ello; dialogan, comunican, se excusan. Sencillamente, una vez metida la pata y por muy grave que ésta sea, se disculpan ante sus errores y siguen adelante "moviendo el camino" frase con la que acaba la obra.

No se dan estereotipos o idealizaciones...cosa muy saludable, sino que la amistad es en gran parte egoísta  y no pasa nada, el amor también lo es y tampoco es deleznable ni condenable. Los personajes se salvan, viven, disfrutan y sufren.  Y lo más curioso de todo es que  subyace un canto al amor incluso de tipo algo sentimental -otro guiño al humor-  que en la obra funciona y te resulta certero... pero un amor sin subterfugios, simple, producto de la vida que todos sabemos.

Joel Joan mezcla como ninguno lo inaudito del caos con la profunda frescura de este vivir caótico nuestro...y a la vez te transmite la certeza de que por encima de todo nuestro vivir es precioso y es lo único que en realidad tenemos.
 Esta serie  es una gran metáfora que te hinca los pies en el suelo: aquí, ahora...



y ahorra fuerza viviendo al momento.

viernes, 24 de marzo de 2017

La family



 Nos sentimos a veces sin suelo bajo los pies y ansiamos asirnos a algo.
La familia es el antídoto natural -vínculo de sangre- a esa sensación de vacío que sentimos, porque en ella eres hijo, hermano, primo, sobrino, nieto,  abuelo, tío... y ese nombre te define y además te relaciona con un grupo amplio y en apariencia sólido. La familia te da seguridad de niño.

 Conforme crecemos vemos que para ser tú mismo hay que liberarse del grupo familiar... "salir del nido". Volar.
 Vuelas pues, a ser posible, y poco a poco le coges gustillo a la conquista de tus propios gustos, de tus amigos, de tu trabajo, de tu forma propia de pensamiento y de ver el mundo.
La familia se transforma así en un referente atemporal que permanece,  la familia sigue siendo ese cariño de antes...y ese afecto incuestionable ya de adulto.

Lo curioso es que poco a poco descubres  que la familia ya no es necesaria para definirte  ni  como referente. La familia se transforma, porque tu vida también  lo ha hecho gracias  a tu honda personal y a esa gracia tuya compartida con otros muchos mundos.
Y entonces te das cuenta de que tu familia son personas sueltas con su propia  vida y tú con la tuya propia. Y te sobran las categorías y sólo te vale ya esa permanencia atemporal, ese afecto que viene de tu infancia o de los buenos ratos que vivisteis juntos.

Notar que aquel grupo que parecía tan sólido se ha ido disolviendo lenta o bruscamente al paso del tiempo  hasta quedar tan sólo algún encuentro de vez en cuando, es para mí entrar en la sabiduría de quien al fin se siente dueño de sí mismo y de un mundo propio, sin necesidad de ser definido por ningún otro.

Mirar tu vida desde la estrechez del grupo inicial, en exceso definido y sólido, te impide observar  la anchura del Universo al que pertenecemos. Esa unidad con todo y en la que  entramos todos.

Mirar tu vida desde la levedad y dejarla ir entre  hechos incomprensibles e incluso desagradables sin buscar ya la seguridad de un mundo bajo tus pies...es quizá  la forma más simple y cotidiana...una forma natural de ser dichoso.