jueves, 12 de julio de 2018

El patio y su sueño

Salgo al patio y me estiro en la tumbona. Miro al cielo con sus dos tonos de azul rasgados por una nube densa, algodonosa. Miro el árbol tras la tapia blanca agitar su espesa melena de sombra. Oigo el piar de algunos pájaros y el sonido del verano no muy lejos, las chicharras quejumbrosas. Miro la tapia de chamizo, las macetas de colores, la ropa tendida y oigo la tele en sordina de un vecino que siestea.
Esto es vida, me repito. Este sencillo paraíso que describo...y este viento suave que llega del mar sorteando las dulces colinas y los firmes macizos de llentiscos, los huertos y sus casas escondidas por detras de ancestrales muros de piedras; tan ágiles, tan largos y discretos muros que ha trazado esta isla.
Esto es vida y querría que durara siempre, eternamente, este momento único, blanco y azul, idealizado. Bello.
Pero nada se detiene. Todo gira y gira. ..como gira en la mente el pensamiento y junto a él ese espacio tan íntimo que hemos llamado... sueños.

miércoles, 20 de junio de 2018

Entra el verano en L' Empordà.

Escribo con el sol rasgando  mi raspa de columna. Hace calor de verano hoy. Acabo de salir de la piscina, azul intenso, fresca el agua, pequeña y acogedora, íntima.

Casi mediodía.
Silencio de pájaros y alguna paloma. Grazna arriba una gaviota.

Pensábamos coger el coche y salir a dar una vuelta. Ver y ver y ver...cabalgar la llanura ampurdanesa. Pero no, nos quedamos aquí sin saber cómo. 

El baño inesperado y tan cerca...te aquieta. La mente vuelve a casa, no piensa. Mira, observa...una mariposa blanca que se enreda a otra y juegan.
Nota el alma el sol y ve a lo lejos un hueco azul suave entre los pinos, una chimenea y su casa. Oye las campanas de la iglesia dar las doce, las trae un vientecillo suave, una brisa del mar, y siente el alma esta plenitud tan simple que con poco se contenta.

¡Poco digo! Miro a mi alrededor y aquí está todo cuanto ahora necesito.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Salita granaína

Granada en Mercadona

Ayer al llegar a casa de mi primo, que vive fuera, fui al super para abastecerme algo estos días.
Granada y lo primero un Mercadona...qué cosas! pensaba.
No sabía yo aún la acogida que esta ciudad me daba, porque buscando un limpiacristales que no encontraba, le pregunté a una mujer de mi edad y se me puso a buscarlo con una entrega tan natural de vecina  que la miraba yo y no lo creía. Cuánta amabilidad!
"Señora,  no quisiera entretenerla"..."No se preocupe! Encantada" me decía. Y repasaba lo lardo del pasillo y yo a su lado mirando juntas y comentando lo curioso del asunto.
Al fin me llama y me dice: "aquí mismito" Una caja grande delante nuestro. Lo coge y me lo da "mire, azul, qué bonito!" Justo lo mismo que pensé yo al verlo como un milagro. Nos reímos. .. le hubiera dado un abrazo. Para ella todo normal, pero yo, viniendo del mal trago político  y del rigor individualista a lo  europeo de Barcelona...me sentí gratamente emocionada. Contenta.

Granada me recibía y de qué forma tan grata!
Pero no quedó ahí la cosa. Luego de dar las vueltas llenando cesta, se me acercó un buen hombre, quizá de ochenta, con su gorrilla calada blanca y unos ojos chicos de un color azul intenso. Me pone en las manos una bolsa de bizcochos preguntándome qué pone..."dulces y tiernos, señorita? Haga ute el favó"
"Sí,  eso pone, dulces y tiernos"...como usted, señor, yo pienso.
Un ángel en medio del pasillo.
Qué recibimiento!... en medio del super se me regala la calidez del alma, que conocí en mis padres y titos...todos granaínos...un quiebro de gracia lleno de finuras...de esa nobleza natural humana y común a todo bicho viviente.

Un monumento este difícil de ver, pero cuando lo hallas te tumba de gusto.

domingo, 27 de mayo de 2018

Sicilia como sentimiento

Es curioso, conforme pasan los años cada viaje que  hago con Félix conlleva un gozo más profundo y a la vez más simple. Es como si el saboreo durase más tiempo.

Hoy mismo, después de tres semanas del regreso de Sicilia, cuando la pienso a ratos sueltos, en momentos, o si la explico o miro alguna foto, siento un detenimiento, una especie de  impás.
Me parece muy grande el haberla vivido y a la vez no sabría  deciros algo destacable que nos haya sucedido, siendo todo el viaje en el recuerdo algo inaudito.




¿Cómo explicar ahora aquí el  sentimiento de estar entre aquella belleza día tras día juntos  y a la vez comprobar la naturalidad de ese estar? Parece  una contradicción sin serlo.

Sencillamente la llevamos dentro.