miércoles, 27 de abril de 2016

La costa de Nápoles es la Amalfitana porque su capital es el pueblo de Amalfi, justo en el centro de una sierra enorme abocada al mar entre un despeñaperros de rocas grises, volcánicas y  algo vesubianas. Llegas a él recorriendo una carretera difícil de curvas concatenadas, que todos transitan con calma entre expertos conductores de autocares de línea, turísticos, taxis y coches particulares y muchas, muchísimas motos y sobre todo vespas. Vespas alegres que parece vuelen entre curva y curva.
Después de discurrir por  la carretera como una serpiente más-o como una de sus miles de lagartijas que apuran el día con su larga cola arriba y abajo- aparece ante ti Amalfi , con una de las pocas playas bañables que ese inóspito litoral pare.
Aparece digo, Amalfi, porque es una aparición ver en medio de tan poco espacio y entre tanta gente un lugar tan delicioso allí anclado como si nada pasase. Amalfi la bella contrasta con la aspereza natural de su costa y se abre alegre y confiada como si tal cosa con ella no fuera, ofreciéndote  un breve paseo entre terrazas al sol y turistas, todo turistas casi, que sonriendo miran el mar como si eso fuera lo más de lo más y ya está. Un mar calmo y acogedor de un Amalfi señor, que te invita a pasar para estar.
Y pasas, subes y bajas, calles arriba...calles abajo, casas colgadas, árboles mediterráneos, pequeños jardines, iglesias, conventos y una Catedral bizantina de tomo y lomo, inesperada y sublime, como no podía ser menos..con su claustro tan puro y auténtico, blanco, blanco y blancos sus muros altos.
 Allí escuchas el rumor de Grecia y sube desde lejos clamando Marruecos harto, sientes ahí la angustia de Túnez...y hasta nuestro estrecho se hace más tenso y más la largo.
 Catedral de todos los pueblos  del Mediterráneo.

4 comentarios:

  1. Ostres quines ganes d'anar-hi, i és que no hi he estat mai, i m'agradaria, ja et demanaré consell el dia que hi vagi, si hi ha sort i la salut i la pasta ho permet ;-)

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  2. Querida Pandorilla:
    ¡Qué envidia!
    Ese cielo tan azul y ese mar tan cercano.
    Esa arquitectura alejada de estos apartamentos, estudios y edificios absurdos que colman nuestras costas.
    No sé cómo habrán podido sobrevivir a esa expansión vertiginosa del ladrillo, pero no es normal.
    Las costas españolas... ¡qué puedo decir!
    El sur de Portugal, el Algarve... copia bárbara y explosiva de burdas copias marbellíes o benidorenses...
    A veces ver imágenes como las que nos ofreces, tan simples, tan limpias, me hace confiar en que todavía es posible encontrar costas acogedoras.
    Creo que en España se emplea poca dinamita. Habría que crear una asociación de dinamiteros sin fronteras, que abrieran paso hacia el mar, hacia la luz y hacia el aire, que cada día circula menos por las playas españolas.
    En fin, envidiable.
    Abrazos

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  3. Querida Pandorilla:
    ¡Qué envidia!
    Ese cielo tan azul y ese mar tan cercano.
    Esa arquitectura alejada de estos apartamentos, estudios y edificios absurdos que colman nuestras costas.
    No sé cómo habrán podido sobrevivir a esa expansión vertiginosa del ladrillo, pero no es normal.
    Las costas españolas... ¡qué puedo decir!
    El sur de Portugal, el Algarve... copia bárbara y explosiva de burdas copias marbellíes o benidorenses...
    A veces ver imágenes como las que nos ofreces, tan simples, tan limpias, me hace confiar en que todavía es posible encontrar costas acogedoras.
    Creo que en España se emplea poca dinamita. Habría que crear una asociación de dinamiteros sin fronteras, que abrieran paso hacia el mar, hacia la luz y hacia el aire, que cada día circula menos por las playas españolas.
    En fin, envidiable.
    Abrazos

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  4. Querida Pandorilla:
    ¡Qué envidia!
    Ese cielo tan azul y ese mar tan cercano.
    Esa arquitectura alejada de estos apartamentos, estudios y edificios absurdos que colman nuestras costas.
    No sé cómo habrán podido sobrevivir a esa expansión vertiginosa del ladrillo, pero no es normal.
    Las costas españolas... ¡qué puedo decir!
    El sur de Portugal, el Algarve... copia bárbara y explosiva de burdas copias marbellíes o benidorenses...
    A veces ver imágenes como las que nos ofreces, tan simples, tan limpias, me hace confiar en que todavía es posible encontrar costas acogedoras.
    Creo que en España se emplea poca dinamita. Habría que crear una asociación de dinamiteros sin fronteras, que abrieran paso hacia el mar, hacia la luz y hacia el aire, que cada día circula menos por las playas españolas.
    En fin, envidiable.
    Abrazos

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